
De una vida normal directo al infierno y de allí al Purgatorio hasta quién
sabe cuándo. En esos términos dantescos Carlos Lima Coimbra define su destino de
ceguera. Desde hace seis años convive con una enfermedad inmunológica
irreversible que redujo drásticamente su capacidad visual. Llegó a perder la
totalidad de la visión, aunque ahora pudo recuperar parcialmente la de su ojo
izquierdo. Lector compulsivo, lo primero que pensó por esos días oscuros de 2004
fue cómo salvaguardar el refugio de la literatura. Pero fue recién cuando sumó
500 audiolibros en su biblioteca que decidió compartirlos. Para eso formó el Centro Iberoamericano Cultural de Audio Lectura
y Educación (Cicale), la ONG donde llegó a almacenar alrededor de 3600 audio
y videolibros.
A pesar de que tiene audiolectores en todo el país, que
gratuitamente envían y reciben textos en cds y Mp3, y que desde el año pasado
provee un servicio a escuelas del partido de Vicente López, no recibe un peso
del Estado nacional, provincial o municipal. A puro pulmón, empuja el sueño de
esta particular biblioteca en su casa de Villa Martelli, junto a la directora
administrativa Adriana M. Nos chese, el director institucional Luis Sánchez
Trucido y el apoyo de su familia.
El audiolibro es un mercado desarrollo
y en constante crecimiento en Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania. En
Argentina, en cambio, casi todas las editoriales que se animaron al formato
antes de la revolución del Mp3 quebraron en poco tiempo.
Con el pasar del
tiempo Lima Coimbra descubrió que los audiolibros no eran sólo una posibilidad
para que las personas con discapacidades visuales, motrices o neurológicas
pudieran seguir disfrutando de la literatura. También, encontró que podía
mejorar las condiciones de las personas con síndrome de Down, autismo,
Parkinson, dislexia, y también de los enfermos terminales. Los audiolibros son
además otro soporte para los lectores autodenominados normales.
"Parece
simple. Nosotros proveemos a escuelas con una computadora, un disco rígido con
archivos. Con nuestro método el cuento del Principito está
musicalizado, con efectos sonoros y con una voz profesional, además de la
posibilidad de la repetición, pausar, etc.", explica el hacedor de este milagro,
que se ampara en la ley
26285 de propiedad intelectual que contempla una exención de los derechos de
autor para personas ciegas y con otras discapacidades perceptivas.
"Comenzamos con muy pocos títulos y fuimos creciendo en calidad y
material. Los socios son muy agradecidos", explica la directora Noschese cuando
repasa los cinco años de esta biblioteca única en el país. Las bibliotecas
oficiales para ciegos y discapacitados tienen un crecimiento irregular, que
siempre reacciona tarde a la aparición de las nuevas tecnologías. El crecimiento
de los costos de la edición en braille condena casi siempre a los lectores a
perderse de cualquier novedad editorial de los últimos cuarenta años.
Otras experiencias como Tiflolibros, la primera Biblioteca Digital
para Ciegos de Habla Hispana, han demostrado la posibilidad de conformar
nuevos espacios de lectura. Sin embargo, la voz electrónica de esos libros no se
compara con la locución profesional de los contenidos del Cicale y mucho menos
con los textos leídos por el propio Borges, Cortázar y tantos otros escritores
consagrados.
Lima Coimbra no oculta su ambición altruista de seguir
creciendo y ayudando a un universo marginado de lectores. Si por él fuera –dice-
subiría a Internet los 3600 títulos que guarda en su casa. El costo de un
servidor y de una plataforma con la capacidad suficiente para soportar tamaña
biblioteca, acotado para cualquier organismo gubernamental es demasiado alto
para Lima Coimbra. Un pecado. Un pecado argentino.
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