EL ACCESO DE PERSONAS CIEGAS A LA CULTURA ESCRITA

Una voz en la oscuridad


FOTO: VERONICA MASTROSIMONE 20-08-2009

20-08-2009 / Las alternativas van desde los libros parlantes hasta los programas lectores de pantallas. La importancia de los avances tecnológicos que facilitan la lectura, y el rol clave de las bibliotecas especiales y de las iniciativas sociales.

Por Sabrina Díaz Rato

Hace cuarenta años una persona ciega no tenía otra alternativa que leer con el sistema creado por el francés Louis Braille, allá por 1895.
Si bien ese método, con sus limitaciones, sirve para educar a los niños que nacen ciegos, son cada vez menos los adultos que lo pueden usar, debido a su alto costo y a la escasa edición de libros en Braille. En la Argentina se edita con ese sistema sólo un ejemplar por novela y si alguien la está leyendo en Córdoba, el habitante de Misiones deberá esperar el retorno. Altos costos de producción y falta de modernización de las bibliotecas especializadas en el país atentan contra el acceso a la lectura por parte de personas ciegas, entre ellas Carlos Lima, un contador que perdió la visión por una enfermedad inmunológica. Lejos de quedarse en lamentos, fundó Cicale (Centro Iberoamericano Cultural de Audio Lectura y Educación) y la nutrió con más de mil obras digitalizadas.

La ONG, cuyo objetivo es impulsar el desarrollo cultural de la comunidad, incluyó en su patrimonio textos, relatos radiales, libros, novelas, biografías de artistas, escritores y personajes controvertidos de la historia. “Hemos incorporado temáticas que en las bibliotecas tradicionales no existen. Temáticas actuales de autoayuda, relatos de Alejandro Dolina o de Niní Marshall”, explica Lima y se entusiasma al contar que entre los nuevos proyectos que encara en la actualidad, está el de donar equipos y videos de audiolectura a escuelas especiales.

“Nuestro centro cultural, a diferencia del resto que usan el Braille o el cassette, puso foco en aquellas personas mayores con discapacidad visual o dificultades neurológicas o motrices con problemas de acceso a la lectura. Recordemos que los analfabetos tampoco acceden”, advierte Lima.

Heriberto, de 87 años, asiduo lector de los clásicos griegos, amante de la historia, la literatura y la filosofía, se asoció a Cicale apenas supo de su existencia. Para él, dice, fue “una tabla de salvación”. Tenía 81 años cuando una maculopatía le quitó la posibilidad de leer: afectó su visión central y tuvo que interrumpir los estudios de Filosofía que llevaba adelante por puro placer. “Cicale significó una ayuda tremenda. Pongo el CD, lo escucho, y disfruto mucho. No es exactamente lo mismo que leer. La vista es el más precioso de los sentidos. Pero me facilitó volver a la literatura”, cuenta Heriberto, quien ha escuchado las obras de Borges leídas por el mismo escritor: “Fue todo un hallazgo, un gran descubrimiento de la belleza de sus palabras”.

En países como Alemania o Estados Unidos, sólo el cuatro por ciento de la producción literaria corriente está digitalizada para que la escuchen personas discapacitadas o ciegas. Según estima el director de Cicale, en Argentina el porcentaje “no llega ni al uno por ciento”.

En el mismo camino de Lima y su ONG, se encuadran otros grupos y organizaciones que tienen por objetivo superar los límites del Braille. Es el caso de los lectores voluntarios –o, como se los llama, libros parlantes–: personas que visitan a otras con discapacidad visual y que actúan como oyentes, conformando un dúo que comparte el placer de la lectura.

El Grupo Lector de “El espacio de la palabra”, una propuesta que nació en La Plata y abarca actividades de promoción de la lectura dirigido por Marta Berutti –inspiradora del proyecto–, dispone de voluntarios que esperan ser convocados por esos potenciales oyentes. Como Martita, una mujer de 78 años que perdió la visión a los cincuenta, quien aguarda ansiosa su ritual de los jueves con Mirian Sansone, profesora de Letras y coordinadora del Grupo platense. Juntas recorren las obras de Belli, Borges, Neruda, Moyano, entre otros, y avivan un vínculo que nació hace cuatro años, cuando se conocieron. Para Martita se trata de una experiencia conmovedora y un motivo de vida: “Cuando me leyó Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, se me cortaba la respiración, vibro con sus lecturas”, expresa y recuerda con satisfacción cuando escuchó por primera vez, en la voz de Mirian, la dulzura de los poemas de Vinicius. Para Mirian, el encuentro es doblemente gratificante “no sólo por tratarse de la lectura de a dos, que siempre es más rica por la perspectiva del otro, sus imágenes, sus ocurrencias, sino porque es lindo saber que uno puede darle placer a otro y conmoverlo”.

La lectura por medios electrónicos es una alternativa que se suma al Braille, los lectores voluntarios o las grabaciones en casetes. El proyecto Tiflolibros, una biblioteca digital creada por ciegos, pone a disposición de personas con discapacidad visual los archivos digitales de libros. Mediante un programa lector de pantalla, también usados para leer el diario o el correo electrónico, pueden acceder a esas obras literarias. Tienen unos 29 mil títulos digitalizados y también pueden convertirlos a audio en formato MP3, grabado con voz sintética y robotizada, para distribuirlos en CDs entre quienes no están habituados al ordenador. Las diversas alternativas de lectura abren un nuevo universo sin fronteras para personas ciegas.